flujo que su deseo de continuar. Su lánguida mirada desistió
del intento de localizar la luz, aquella tenue y frívola, proveniente
del cúmulo de parafina, aunque extinta la vela, se niega a extinguirse.
La dominante penumbra sucumbió ante los delirios, por un momento
le dio vida a los daguerrotipos implacables, impresos en alguna
recóndita locación de sí misma de la cual no era consciente,
sintió un extraño destello de calor humano, pudo ser un recuerdo
gratificante, pudo ser el sabor de su sangre.
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